En el marco formativo del curso virtual «La comunicación en una Iglesia sinodal», promovido por el Centro Teológico Cebitepal del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), el obispo Jorge Lozano —miembro del Dicasterio para la Comunicación y presidente de la comisión episcopal de comunicación social de la Conferencia Episcopal Argentina— concedió una entrevista a ADN Celam, en la que subrayó la importancia estratégica de la formación en el camino sinodal.
Desarrollado entre el 12 de febrero y el 23 de abril de 2026, este proceso formativo invita a profundizar la escucha, la participación y la comunión, reconociendo la comunicación como una mediación clave para la vida y misión eclesial.
Una formación integral que transforma vínculos
Asimismo, explicó que la formación integral es pluridimensional y no se limita a un solo ámbito, sino que abarca lo espiritual, lo teológico y la comprensión de los fenómenos sociales en los cuales nos movemos. Esta mirada —aseguró— permite que cada persona desarrolle sus cualidades y las ponga al servicio de la comunidad.

También enfatizó que la formación debe integrarse en el camino cotidiano como “formación permanente” y no simplemente como algo esporádico. “No se trata de un curso o una charla, sino de iluminar el caminar”, señaló, subrayando la importancia del discernimiento comunitario en los procesos comunicativos.
Tomando palabras del papa Pablo VI respecto a la evangelización, advirtió que la formación debe ir más allá de “un simple barniz superficial” y lograr impactar los vínculos interpersonales, contribuyendo a una comunicación que construya comunión y no se limite a transmitir información.
Retos para la comunicación sinodal
En su lectura del contexto latinoamericano, Lozano identificó el clericalismo como uno de los principales desafíos, al centralizar la comunicación en unos pocos y de modo unidireccional, lo que limita la participación. A esto se suma el individualismo, que debilita la vida comunitaria y la corresponsabilidad en la Iglesia.
Finalmente, destacó que los cambios acelerados en la tecnología, los estilos y el lenguaje representan un desafío permanente, e instó a desarrollar una comunicación que se inserte en estos nuevos entornos sin perder su raíz evangélica.