El presbítero Luca Garbinetto, profesor del Cebitepal, reflexiona sobre el papel del diaconado en la renovación de la Iglesia y su relación con la sinodalidad. A partir de su experiencia pastoral y académica, en esta entrevista explica los desafíos actuales de este ministerio y su contribución a una Iglesia más corresponsable y misionera.
Siendo presbítero, ¿por qué su mayor énfasis de estudio reside en los diáconos?
Mi historia personal y mi biografía vocacional son la primera motivación. Pertenezco a una congregación misionera fundada por el padre Ottorino Zanon, quien ya antes del Concilio Vaticano II intuía la complementariedad entre presbíteros y diáconos en la vida pastoral.
Aunque fui llamado al presbiterado, siempre me quedó una fuerte sensibilidad diaconal y el deseo de comprender mejor la presencia de los diáconos dentro del ministerio del orden y de la vida pastoral. Mi investigación sobre el diaconado en la Iglesia latinoamericana y la convivencia con muchos diáconos, célibes y casados, me han convencido de la riqueza de este intercambio ministerial para la renovación de la Iglesia.
Identidad carismática y profética
Desde su experiencia en la reflexión sobre el ministerio ordenado, ¿cuáles son hoy los principales desafíos del diaconado?
El primer desafío es conocer el diaconado en su identidad carismática y profética. Es necesario que la Iglesia reflexione sobre sí misma a partir de este ministerio, descubriendo que puede renovar las relaciones dentro de las comunidades y también el modelo de Iglesia.
Para ello se necesita una formación más profunda de los líderes eclesiales —obispos, presbíteros y diáconos— y un mayor conocimiento de la vocación diaconal dentro de las comunidades. Todavía existe una visión muy clerical y vertical de la Iglesia que no responde plenamente a la perspectiva del Concilio Vaticano II.

¿Qué significa comprender el diaconado en clave sinodal?
Significa comprenderlo en relación con las demás vocaciones de la Iglesia. La identidad de cada persona se define a partir de las relaciones con los demás, algo que aprendemos tanto de las ciencias humanas como de la misma identidad trinitaria de Dios.
Por eso, hablar de una Iglesia sinodal implica vivir relaciones concretas de corresponsabilidad. Esto exige un proceso de madurez humana y espiritual y una comprensión de la autoridad como servicio compartido, no como concentración de poder.
Presencia local y corresponsabilidad
¿Cómo puede el ministerio diaconal fortalecer una Iglesia más corresponsable?
Muchos diáconos son hombres casados y trabajadores, lo que los sitúa cerca de la experiencia laical. Esto permite reconocer una forma distinta de vivir el ministerio ordenado y ayuda a la Iglesia a mirar más allá de los límites del templo.
La corresponsabilidad entre presbíteros y diáconos puede ayudar a compartir las responsabilidades pastorales y a fortalecer la dimensión misionera de la Iglesia. Además, la presencia de los diáconos contribuye a que los pobres se reconozcan como protagonistas del camino eclesial y no solo como destinatarios de la acción caritativa.
¿Cómo puede esta formación impactar la organización pastoral en América Latina?
El estudio del diaconado debe estar integrado en la reflexión pastoral de la Iglesia. Los diáconos están presentes en las comunidades locales, en los espacios de decisión y en los organismos de corresponsabilidad, junto con los presbíteros.
En América Latina, donde existen grandes periferias sociales, es especialmente importante una presencia diaconal que anime a los laicos y a todos los bautizados a comprometerse en la construcción de la justicia, la paz y relaciones más fieles al Evangelio.
Un estilo relacional
¿Qué dificultades existen para implementar la sinodalidad?
En muchas culturas existe una dificultad compartida: la sinodalidad exige un estilo relacional que requiere madurez personal. Compartir el camino y ejercer la autoridad de manera más participativa exige energía, competencias y una profunda actitud interior.
Además, los procesos espirituales dentro de las comunidades a veces son débiles. Por eso es importante contar con guías capaces de acompañar procesos de discernimiento espiritual.
También debemos tener siempre presente el tema de los abusos, que revela dificultades relacionales, inmadureces humanas y una falsa comprensión de la vida espiritual que todavía puede estar presente dentro de la Iglesia.
El curso sobre el diaconado, conducido por Luca Garbinetto, inició el 17 de febrero y se extenderá hasta el 28 de abril. Con el patrocinio del Dicasterio para el Clero, la formación ofrece una mirada teológico-pastoral al ministerio diaconal en el horizonte de una Iglesia toda ministerial y sinodal.